5 reglas básicas para hidratar el pelo y mantenerlo sano

5 reglas básicas para hidratar el pelo y mantenerlo sano

Lo mencionamos en nuestra web: «limpio y sano». Estas son las dos palabras con las que muchos responderíamos si nos preguntasen cómo es nuestro cabello ideal. Ni rizado, ni liso, ni teñido. Sano.

Pero con tanta opción, ¿cómo hidratar y mantener, de verdad, nuestro pelo saludable? Te enumeramos las cinco reglas básicas para conseguirlo.

Hidratación capilar = agua + lípidos naturales

Igual que en la piel, la hidratación es vital en el cabello y el cuero cabelludo: otorga flexibilidad o elasticidad y movimiento al cabello, y ayuda a que la piel del cuero cabelludo mantenga su función barrera.

La deshidratación del cabello se produce por la falta de agua y de lípidos o aceites naturales en su estructura interna. Una melena sin la cantidad adecuada de agua + lípidos equivale a una melena seca, sin brillo y con facilidad para las roturas.

Así pues, para mantener el pelo hidratado y sano las claves son:

  • Más retención de agua y, por lo tanto, menos sequedad, picor, caspa, rotura y caída.
  • Mayor conservación de los lípidos del cabello, que mantienen la unión entre las estructuras de queratina (proteína fibrosa, componente principal del pelo).

Enemigos del cabello. La exposición a tóxicos

Nuestro pelo está expuesto a múltiples agresores externos que alteran su equilibrio hidrolipídico y dañan la fibra capilar: tratamientos (secado a altas temperaturas, planchado, decoloraciones, teñido, permanentes), contaminantes y otros tóxicos ambientales.

A ello hay que sumar otros factores que también afectan a la salud capilar, como los cambios de estación, cambios hormonales, carencias nutricionales, ciertos fármacos, episodios de enfermedad o estrés, patologías subyacentes…. Incluso la edad: el sebo es la protección natural del cabello, y en las mujeres su producción disminuye progresivamente a lo largo de la vida (estudio clínico).

Algunos de estos factores son difíciles —o imposibles— de eludir, pero sí que podemos evitar los tóxicos que aplicamos directamente sobre nuestro cabello. Hablamos de conservantes, parabenos, sulfatos, siliconas, tensoactivos excesivamente agresivos, etc.

Estos compuestos químicos van acumulándose en el cabello y taponan los folículos, pudiendo ocasionar picor, irritación e inflamación del cuero cabelludo, descamación o caspa. O lo que es peor: penetran en la dermis y se integran en nuestras células, causando problemas a largo plazo como alergias o dermatitis (estudio, estudio, estudio).

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Las 5 reglas para que tu pelo «luzca sano»

Además de evitar los compuestos químicos potencialmente dañinos, he aquí cinco «básicos» para mantener tu pelo hidratado, con brillo, más fuerte y, en definitiva, más sano:

  1. El producto. El objetivo de utilizar champú es eliminar la acumulación no deseada de sebo —lo necesitamos, pero en cantidades apropiadas— para hacer el pelo manejable. 

Usa un champú natural, que respete el pH del cuero cabelludo y que no contenga ni sulfatos, que puedan deshidratar e irritar la piel del cuero cabelludo, ni siliconas, que «falseen» el aspecto de tu cabello. No emplees demasiada cantidad de producto.

  • El lavado. Debe ser suave, sin presionar demasiado el cuero cabelludo. Si frotas en exceso con la yema de los dedos, puedes desequilibrar las glándulas sebáceas y estimular la producción de sebo. Al retirar demasiados aceites de la superficie, tu piel, para mantener el equilibrio natural, produce más grasa.

Utiliza agua templada o, mejor aún, fría; el agua caliente deshidrata y también estimula la producción de grasa. Ayúdate de los dedos —como si te estuvieses peinando— para asegurarte de retirar todo el producto.

Para aumentar el brillo, prueba a añadir unas gotitas de vinagre al agua del último enjuague.

  • El cepillado. Cepilla el pelo al menos dos veces al día, preferiblemente con un cepillo de madera con las puntas redondas. Peinar el cabello es un modo eficaz de repartir el sebo de las raíces hasta las puntas; esta es la protección natural más adecuada para cuidar las cutículas (capas superficiales formadas por queratina que protegen el interior del cabello) y evitar los nudos. 

El cepillado, en sí, supone estimulación craneal. No obstante, puedes mejorar la microcirculación sanguínea —con la sangre, llegan oxígeno y nutrientes a los folículos capilares— con unos minutos de masaje sobre el cuero cabelludo. El agua fría que mencionábamos antes también estimulará la circulación.

  • El secado. No seques el pelo con el secador a la máxima temperatura, para no sobrecalentar las cutículas.

Y, para que las puntas no se «alboroten», no realices movimientos del cabello en todas direcciones. Mientras lo secas, utiliza el cepillo.

  • Un extra + descanso. Si, para lograr un extra de hidratación, aplicas un acondicionador, mascarilla, sérum o aceite hidratante —fórmulas naturales—, hazlo siempre de medios (mitad del largo total del cabello) a puntas.

Finalmente, no castigas tu cabello y concédele «treguas». Por ejemplo, si tienes el pelo rizado y siempre te lo alisas, de vez en cuando dale un respiro y deja que recupere su fuerza y vitalidad.

Autora Elisabeth Lahoz

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